(Artículo aparecido por primera vez en The Fine Art Collective. Autoría: Angélica Millán) Como en cualquier historia de amor, uno no puedo enamorarse de alguien a quien le impongan, por mucho que le insistan en una lista llena de cualidades estupendas que el otro considera interesantes. A veces ni siquiera el ilustrativo ejemplo del “rubio guapo y fuerte” nos atrae, y con el arte ocurre lo mismo. El descubrimiento del amor al arte, como el resto de querencias, debe provenir desde dentro, de lo que se siente al enfrentarse a una obra, lo mismo que a un amante. ¿Cuántas veces nos hemos encontrando amando la belleza de alguien que solo a nosotros nos parece atractivo y no encajaba en los cánones ideales?
“Judit decapitando a Holofernes”. Artemisa Gentileschi.
Decía María Acaso,en un artículo muy acertado y de actualidad sobre la educación a través de la publicidad y la historia del arte en el sistema educativo, que “La educación artística debe consistir en aprender a disfrutar de lo complejo, lo raro, lo lento y lo feo, y en preguntarnos por qué razón intentan que solo disfrutemos de lo simple, lo estándar y lo rápido, y de un tipo de belleza canónica imposible”.
Esto da buena cuenta de que nos ocurre cuando nos enfrentamos al arte contemporáneo y no somos capaces de apreciarlo, porque queremos disfrutar y entenderlo todo con la fugacidad y facilidad a la que estos tiempos de sobre-exposición en redes y sobre-comunicación se nos impone.
No existen 10 obras maestras para entender el arte, mucho menos para amarlo. No existe un decálogo que abra la mente del que no quiere mirar para apreciar una obra y no debería ni si quiera existir la voluntad de convencer al espectador de lo contrario.
Lo duro de los que educan en arte, de los expertos que se apasionan ante cualquier pintura de Tiziano, de Artemisa Gentileschi o de Miguel Ángel, es el hecho de aceptar que todos no amamos de la misma manera, que no todos apreciamos los mismos tipos de belleza y que en ocasiones algunos no tienen ni esa capacidad amatoria. Lo difícil es admitir que tal vez a éstos no le tiemble la voz al enfrentarse a las alas desplegadas de la Victoria de Samotracia, como tampoco son capaces de amar a aquel que a nosotros nos resulta irresistible.
“Victoria alada de Samotracia”. Museo del Louvre.
Después de esto se nos caería la cara de vergüenza intentando convencerte de que te emociones con la instalación “The key in the hand” de ChiharuShiotaen la Bienal de Venecia de 2015, donde tal vez nosotros lloramos al vernos enmarañados entre hilos de color encarnado y llaves que no abren ninguna puerta, de barcas que no nos acercan a ningún puerto.
“The key in the hand”. ChiharuShiota.
Seríamos cómplices de intentar contagiarte un amor que es sólo el nuestro si te habláramos de como nos eriza la piel HilmaAfKlin, que en el siglo XIX llegó a pintar más de 1200 cuadros de formato mastodóntico y que lo hizo en secreto. Que se adelantó en muchas décadas a la abstracción, antes que genios como Kandinsky fueran considerados como tal por este tipo de creaciones. No podemos pedirte de que te enamores de cómo dejó estipulado en su testamento que sus obras no se revelasen hasta 30 años después de su muerte porque consideraba que el mundo no estaba preparado para ello.
Instalación de Hilma Af Klint.
Sería un locura que “La virgen muerta” de Caravaggio" –cuyo realismo proviene de que la modelo fuera el cuerpo muerto de una prostituta ahogada en el rio Tiber- pudiera estremecerte como a nosotros. Ese claroscuro que logra que el rostro de la virgen ilumine todo el espacio no tiene porque impresionarte.
Nadie puede convencerte de amar algo que tú no quieras, no entiendas o no sea de tu gusto, incluso con argumentos sólidos, pero recuerda aquellas historias que cuentan sobre amores surgidos de la más absoluta indiferencia y que acabaron siendo el amor de la vida de alguien.
Hoy hablamos en "La Alacena Global" de todos esos misterios que se esconden detrás de la Historia del Arte, desde la prostituta ahogada en el Tiber que utilizó Caravaggio para como modelo de su "Virgen Muerta" hasta "Etant Donnès" , la obra en la que Duchamp trabajo en secreto durante más de 20 años.
Disfrutad!
(Este artículo apareció originariamente en The Fine Art Collective. Autoría: Angélica Millán)
Una gran Salsola Kali imaginaria (o planta rodadora del desierto) recorre la ausencia de polémicas en torno al arte y las ferias de Arte Contemporáneo. Es definitivo, ARCO ha quedado desierto de controversias este año.
Atrás quedan los vasos medio llenos (o medio vacíos, según se mire) de Wilfredo Prieto, que indignaban a la opinión público por su valor en el mercado de 200.000 euros o la nevera de refrescos que contenía a un Franco caricaturizado (y congelado) por Eugenio Merino en 2012 y que levantaba ampollas entre los espectadores.
Incluso el artista que este año presentaba en la Galería ADN su obra 'Pasaporte de rescate' -en la que decenas de pasaportes sirios, turcos, libios y jordanos aparecen envueltos en el papel dorado de las mantas térmicas con las que se cubren a los inmigrantes- declaraba en sus redes sociales que el propio Directo de la feria Carlos Urroz, apostillaba que ”El coleccionista busca en Arco al artista emergente y sexy”. Más política y menos polémica en este año en donde la pulcritud y el saber estar fueron las reinas de la feria madre.
Pero, ¿De qué se habla cuando no hay ruido, jarana, carnaza, con la que despedazar las ferias de Arte Contemporáneo?, ¿Acaso ARCO es menos ARCO sin un fantoche sobre el que volcar nuestras frustraciones?
Pero la vida sigue y aun huérfanos de estas polémicas que endulzan las jornadas maratonianas de ferias en la capital, el usuario ha dejado constancia con sus selfies en las Redes Sociales, su paso por ARCO. Mientras los críticos y periódicos de tirada nacional se ocupan de cifras, de connotaciones políticas, de análisis de mercado, los usuarios ponen su mejor cara y disparan la instantánea que los atrape junto a las obras de arte, casi relegadas a un segundo plano.
Lejos de querer hacer un examen antropo-científico de esta tendencia en alza, esto es lo que dicen las redes sociales de los usuarios sobre la Feria ARCO:
- Lo más fotografiado:
Uno de los flases más buscados de esta edición ha sido el latex desinflado de “Self portrait as a child” de Clemens Krauss, de la Galería Crone. Cierta indignación y sorpresa han sido las culpables de que esta obra acapare los time lime de Instagram y los hashtag más seguidos de la feria.
- Arte cinético y todo lo que se mueve
Esa corriente iniciada en los años 50 del siglo pasada para designar a aquellas obras fundadas en la introducción del movimiento como elemento plástico dominante, parece seguir funcionando.
A pesar de que surgió en un contexto relacionado con los avances tecnológicos de esta etapa y que ahora quedarían obsoletos, el público sigue recibiéndolos como móviles infantiles que hipnotizan a los niños.
Para leer el artículo completo haz click en el link:
Reflexión en forma de artículo para The Fine Art Collective, que rodó en las cabezas de muchos tras la barbarie perpetrada en una galería de arte en Ankara con el asesinato del embajador ruso y su bizarra puesta en escena.
(Para leer el artículo completo haz click en el link que aparece más abajo)
Esto que vas a leer no será un artículo para intentar ensalzar el arte a la categoría de terremoto informativo. No serán unas líneas para intentar convencer al interlocutor de lo crucial que el arte es para la vida y como la historia trata de repetírnoslo una y otra vez.
Tampoco podrá ser un espacio para reflexionar sobre la violencia que sucede en lugares que fueron pensados para el disfrute del ojo humano a través del arte y mucho menos será una excusa para hablar de la barbarie perpetrada en Ankara hace días por el hecho de que tuviese lugar en una galería de arte.
Asesinato del embajador ruso en una galería de arte en Ankara.
Pero tampoco podemos negar que determinados hechos ocurrieron, como tampoco podemos negar que el arte casi como bastón antropológico, ha sido utilizado como aliado para el poder, como elemento para disuadir a las mentes, para sembrar el miedo, pero también, para luchar contra él.
Como aquella mañana en que amanecimos entre miles de ilustraciones de lápices rotos en tonos encarnados que inundaban nuestras pantallas y fueron el vehículo de expresión y repulsa contra aquellos que no entienden de libertad. El arte como lenguaje y hermandad ante el terror, de aquel que no entiende ni idiomas, ni fronteras. Charlie Hebdo y el atentado acaecido en Francia dieron buena cuenta de ello.
Y es que también se muere de alguna manera cuando desaparece nuestra identidad, cuando te despojan de ella a través de la destrucción de del Patrimonio, cuando éste se convierte en un objetivo a derribar, a sabiendas que es símbolo de la unión de las culturas y los pueblos.
Nos matan y morimos cada día de múltiples maneras, aunque a veces no paguemos solamente con nuestras vidas y el arte y la cultura sean la excusa para conseguirlo.
Como siempre, os dejo mi artículo de esta semana para The Fine Art Collective sobre odios y pasiones. "Del amor al odio no hay más que un paso", dicen.
No olvidéis que podéis leer el artículo completo en el link que os dejo abajo y que podéis comentar, odiar y amar cualquier parte del post ;)
El DÍA QUE ODIE (EL MUNDO DEL) EL ARTE.
Desde aquella muchacha que observó por primera vez impávida
las alas desplegadas y los paños mojados al viento de una tal Victoria de Samotracia,
ha pasado ya alguna década que otra. Momento exacto también en que supe que el
arte era la mejor manera de expresión humana, la que mejor canalizaba mis
pasiones y (sin)razones. Tal fue la locura que incluso, cándida de mí, quise
convertirlo en mi profesión.
Victoria de Samotracia. Museo del Louvre
Hace el mismo tiempo también del que andaba caída del guindo,
en una feliz ignorancia que no entendía aún que el arte no sólo era eso que me
emocionaba en las antiguas diapositivas proyectadas en las clases de Historia
del Arte y que , como casi todo en esta vida, se emborronaba tras lo que suele
denominarse como ”el mundo de”.
Algunas disciplinas
como el cine o la danza, esas bellas expresiones artísticas, se convierten en
un problema cuando se les añade “el mundo de” por delante.
“El mundo del espectáculo es así” dicen, y claro uno no
puede hacer más que agachar la cabeza y callar. Porque “es asi”, y punto. Y
entonces coges el guindo, y te subes a la primera rama que pillas por el miedo
a ser devorada por un león, o por un crítico voraz o por un #yolosetodoynohaymásquehablar,
o por el martillo de una casa de subastas que resuena en los ecos de un millón
de euros.
Pero resulta que miras alrededor y en el árbol de al lado ves
a otros como tú, subidos a otros árboles, también con miedo o recelo, observándolo
todo desde arriba, mirando como “el mundo del arte” lo engulle todo.
No vaya a entenderme mal. Sigo amando lo que hago y sigo
mirando con los ojos de la chica de las clases de historia del arte a aquellos
que con pasión mueven sus pinceles ajenos a las cifras del mercado del arte y
distantes a los intereses de instituciones, mercados y museos.
Sigo admirando a los profesionales que trabajan por y para
el arte. Sobre todo a aquellos que dejan de lado los egos y lucimientos
personales y que dejan de hablar con condescendencia para simplemente, hablar. Admiro a aquellos que trabajan para que el
arte no sea nunca más un producto elitista, que entienden que Luisa, la
señora del piso de al lado, también tiene que disfrutar con el arte, pero que
cuidan y comprenden que éste es una expresión suprema de la esencia humana y
que por ello no debe frivolizarse ni devaluarse.
Ni “de”, ni
evaluarse. Porque al guindo sube uno cuando se da cuenta que en las grandes
ferias de arte contemporáneo, en ocasiones, son las propias instituciones las que compran obras de artistas que han
sido becados por ellos mismos previamente, que subvencionan a galerías para
que puedan ir a esas ferias o que contratan a expertos para que elijan las
obras que formarían parte de sus colecciones.
Y es que hay muchas formas de sentir, de vivir el (o del)
arte y uno se da cuenta pronto que tiene que elegir como quiere hacerlo.
Uno de los mayores
inconvenientes a los que se enfrenta el arte, es a su mercantilización, que
no a su venta, sino al hecho de que todos los que lo amamos deseamos
convertirlo en profesión, en una renta, en un prebenda que queremos que nos
entreguen por amarlo. Y de ahí no salimos.
Oporto, una ciudad de luz, de
decadencia majestuosa, que en su intento de no aparentar lo que no se es, se
convierte en muñeca rusa que esconde
dentro de sí otras dos joyas: La Fundación Serralves y la exposición “Como
(…..) cosas que no existen”.
En activo desde el 2 de octubre y apunto
de clausurarse el día 17 de enero, la muestra resultante de la selección de los
trabajos de la 31 Bienal de Arte de Sao Paolo, que cruzó el atlántico para caer
en la ciudad lusa, merece una reseña y sobre todo una visita.
Vista panorámica de la Fundación Serralves.
La exposición, que incluye el trabajo
de veintiocho artistas o colectivos que fueron expuestos con anterioridad en la
Bienal de 2014, adquieren en Portugal un curioso significado al cambiar de contexto.
Dejar atrás Brasil supone también alejar los problemas acaecidos en América Latina,
enfrentarse a la mirada europea y su ombliguismo, que al tiempo enfría y
emborrona lo que los artistas denuncian en los trabajos seleccionados.
“Como (….) de cosas que no existen”, el
controvertido enunciado que intenta hilar la exposición ya fue muy criticado
durante el desarrollo de la Bienal, al ofrecer múltiples lagunas e
incoherencias en el discurso, que pusieron al descubierto a sus comisarios.
Pero también es cierto que se convirtió
de esta manera en una metáfora del arte contemporáneo, dándole sentido a esos puntos
suspensivos del enunciado, que son todo y nada a la vez.
Por ello el lema, tanto de la Bienal de Sao Paolo como de la
exposición, es dar voz a aquello que no existe, que
se calla, que se esconde, que se evita.
Por ello uno de los
objetivos de la exposición es abordar la noción de conflicto a través de
proyectos que tienen en su centro relaciones no resueltas, entre grupos, entre
diferentes versiones de la historia o entre ideas incompatibles.
Detalle de "Como (....) cosas que no existen. Foto: Pedro Crespo.
Ese espacio lleno de puntos suspensivos
en el enunciado se convierte así en un juego de la propia exposición, al poder ser
rellenado con múltiples significados, convirtiendo al espectador al mismo
tiempo en creador, al poder dotar de diferentes sentidos a la muestra. (Por
ejemplo: Como ver cosas que no existen, como sentir cosas que no existen, como
reflexionar cosas que no existen…).
Las opciones son infinitas y con ellas
cambian el sentido de las obras y el dialogo que se establece entre ellas. Tal
vez demasiado enrevesado para el espectador, pero si eres capaz de entrar en el
juego, no querrás salir de ahí.
Las “cosas que no existen” son los
valores que el sistema nos impone o nos esconde. La exposición se pregunta cómo
pensamos y sentimos fuera de los límites del sistema, como sería el sistema si
nos dejaran completarlo, justo como hacemos con esos puntos suspensivos del
título de la exposición.
Nos crean fronteras artificiales, divisiones
de países, continentes, razas, religiones y culturas, y aquí es donde entra en
juego el trabajo de Qiu Zhijie con“Mapas”.
Instalación "Mapas" de Qiu Zhijie. Foto: Pedro Crespo.
Enfrentarse a un inmenso mural donde numerosos mapas señalan un mundo imaginario
y nuevo, hace crecer la sensación de que las fronteras que el ser humano ha
configurado ya no sirven. Hace reflexionar sobre la necesidad de establecer un
nuevo orden que estructure el planeta en post de otras coordenadas más humanas,
que tienen que ver más con las necesidades sociales, afectivas y de derribo de
ideas preconcebidas, tanto religiosas como políticas.
Detalle de algunas de las geografías creadas para "Mapas". Foto: Pedro Crespo.
El mural de Qiu Zhijie es aún más
impresionante si cabe, al realizarse en tan sólo tres días, sobre papel de
arroz semitransparente y tinta y con las
técnicas de mapeo de la tradición china.
Estos mapas señalan lugares imaginarios,
configurando países y ciudades cuyos nombres giran en torno a temáticas como la
política, el amor, la religión o los estados emocionales, creándose así una
especie de topografía inventada de la vida contemporánea.
Detalle de "Mapas" de Zhijie. Foto: Pedro Crespo.
En el centro de la enorme habitación y
rodeada por los murales de Qiu Zhijie, flotaba un árbol suspendido sobre un
esfera roja, que se cierra con una suerte de bancos de madera que se disponen
en círculo rodeando la obra. Inevitable
recordar aquel pasaje celebre del Principito,
donde un baobab, el árbol probamente más antiguo de la tierra, crece sin
límites hasta llenar todo un planeta.
"Mujawara". Grupo Contrafilé.
La instalación denominada “Mujawara” perteneciente al Grupo Contrafilé
(Compuesto por el brasileño Sandi Hilal, el palestino Beit Sahour, y el italino
Alessandro Petti), está inspirada por un lado en la historia colectiva de las
comunidades marginadas de Brasil y por otro en la noción árabe de barrio
(Mujawara en árabe). Para la Bienal, se creó a propósito un nuevo mujawara al sur de la bahía, donde se
encontraban refugiados palestinos,investigadores, artistas, indígenas y miembros del Movimiento de los Sin
Tierra (MST). Estas reuniones tenían lugar bajo la sombra de los árboles.
A
posteriori, los artistas convirtieron el
árbol y el banco en símbolo de estas asambleas como metáfora del encuentro y
entendimiento entre diferentes comunidades y convirtiendo al mismo tiempo al
arte en el vehículo que las amalgama todas ellas.
Bancos de madera y libros pertenecientes a la instalación "Majawara".
La propia instalación viene acompañada
de libros amarrados a los bancos que rodean la esfera roja y al árbol, para
poder compartir conocimientos con el de al lado, para contar historias al pie
del baobab. La utilización del Baobab en
este trabajo encierra un gran simbolismo, ya que esta especie fue traída a
Brasil por los esclavos africanos, es testigo de los tiempos antiguos y
guardián de los cuentos.
El baobab de la muestra fue plantado para la
Bienal de San Paolo y dejado crecer hasta la exposición en la Fundación
Serralves, donde puede observarse su evolución, también como metáfora de que la
mujawara sigue viva.
Definitivamente la obra busca instaurar un diálogo sobre la tierra y el
exilio, y promueve compartir experiencias comunes.
La gran dimensión de las obras seguía
siendo la tónica predominante, cuando me tope de bruces con los rostros
gigantes de Eder Oliveira (1983),
que habían formado parte de una serie de siete retratos que fueron expuestos en
la Bienal, y que además y originariamente, habían nacido en las calles
brasileñas.
Sin título. Eder Oliveira.
Los rostros pertenecían a
hombres involucrados en crímenes que aparecían en la prensa sensacionalista, en
su mayoría mestizos con rasgos negros e indígenas. Aunque no se indica en
la obra que estos retratados sean delincuentes, la manera en que encaran la
cámara y el formato de las fotografías de la prensa amarillista, (de donde Eder
extra el material de su obra) nos hablan de su condición.
Lo realmente interesante del trabajo es
la paradoja que se establece entre sus dimensiones heroicas y su anonimato, en
un trabajo en donde la protesta social contra la discriminación de estos seres
excluidos, es la tónica predominante.
Lo que también es
cierto es que estas imágenes pierden parte de su
fuerza cuando son sacadas de su contexto original y son transpuestas en la
Bienal y en el Serralves. Porque el hecho es que ciertas obras de arte están
íntimamente relacionados con el espacio donde están, como es el caso del arte
urbano.
La video-instalación también toma un
papel preponderante en la exposición, donde me atropo de principio a fin la
trama de “Infierno” del israelí Yael
Bartana, en una crítica brutal al derroche
y la ceguera que son capaces de producir las religiones.
En el vídeo se narra la hipotética destrucción,
por una especie de cataclismo, de la réplica del Templo de Salomón, que se
construyó en San Paolo, al igual que ocurrió con el templo original. El templo
de Salomón en la ciudad brasileña fue construidopor la Iglesia Universal del Reino de Dios e inaugurado
en Sao Paolo 2014.
Tras el cataclismo que aparece en el
video, solo queda en pie un muro, como ocurriría con el famoso muro de las
lamentaciones en Jerusalén, el único resto que queda del original templo de
Salomón.
A pesar de la destrucción, los restos
que quedan tras el cataclismo se convierte en una especie de atracción
turística, como si elMuro de las Lamentaciones fuese una
atracción más, un escenario frívolo para la fotografía de viajes y la venta de
souvenirs.
Reproducción del video "Inferno" de Yael Bartana:
Foto: Pedro Crespo.
La obra es una reprobación al
despilfarro que supuso su construcción, donde los materiales fueron importados
desde Israel, y que costó millones de dólares, generando gran controversia e
indignación. Una oda a la manipulación religiosa
con fines comerciales que es denunciado a través del video arte.
Configurada por el colectivo Etcétera, la obra “Errar de Dios”
es una instalación creada a partir del libro Palabras ajenas, de León Ferrari (1920-‐2012), un collage de
textos en donde el artista argentino mezclaba fragmentos tomados de medios de
comunicación y la Biblia. Tras trabajar con Ferrari durante quince años, el
colectivo creó una instalación para la Bienal en forma de escalinata redonda con teléfonos, en donde se
escuchan conversaciones del Papa, Monsanto, Dios o el grupo de inversiones
Goldman Sachs, entre otros, para después solicitar al visitante grabar su
propio mensaje.
Instalación "Errar de dios", del Grupo Etcétera.
Una atmosfera un tanto
angustiosa, donde el rojo de la instalación del Serralves se mezcla con imágenes
del Bosco y una suerte de teléfonos. Estos teléfonos que suenan sin parar hacen
alusión a la Bolsa, como metáfora del nuevo dios de la sociedad contemporánea;
el capitalismo.
Para completar la
escena, es reseñable la petición para
abolir el infierno, que ya inicio León Ferrari y que es recomendable leer.
Este ambiente
contrasta con el de gran equilibrio y belleza de Historias
de Aprendizaje,de la artista chilena
Voluspa Jarpa, que enmascara tras la hermosa instalación, una serie de archivos desclasificados (pero aun así
censurados) que remiten a la historia de Chile, Brasil y Estados Unidos.
"Historias de aprendizaje" de Voluspa Jarpa. Foto: Pedro Crespo.
En definitiva una
oportunidad de observar el mundo desde la problemática y óptica latinoamericana
y donde el arte sirve para analizar diferentes maneras de resolver
conflictos. Muchos de los proyectos
tienen en su base relaciones y enfrentamientos sin resolver: Entre los
diferentes grupos, entre las versiones contradictorias de la misma historia, o
entre los ideales incompatibles. Las dinámicas generadas por estos conflictos
apuntan a la necesidad de pensar y actuar de manera colectiva, una manera más
potente y enriquecedora que la lógica individualista y en donde “Como (….)
cosas que no existen”, pueda ser el vehículo conductor.
*Agradecimiento al autor de las fotografías, Pedro Crespo.